Despertar en el silencio de una habitación sombría era  apenas razonable, cuando el miedo se apoderaba de  su cuerpo tembloroso que tenia la firme tendencia a exagerar las cosas. No quería lanzarse al vacío por una ventana alta, pero a veces no tenia alternativa. Esa alocada juventud corría por sus venas con una fuerza irrefrenable. La música en los oídos estallando en espera de un primer rayo de sol que anunciara el tiempo de ponerse en pie,  para empezar una vida que nunca eligió y usar la primera de sus máscaras.

Función particular para sus padres que creían que Lorenzo era un niño ejemplar. Buenas calificaciones, al menos en las materias básicas. Buenos amigos, rendimiento deportivo, futuro promisorio en una universidad de prestigio apenas termine el colegio y una novia que cualquier familia recibiría con beneplácito en su casa.

 

  Cada día trayendo su afán  era la  norma, no ocuparse del futuro porque lo que vale es el presente. La semana para estudiar y cumplir con las tareas, ver a Liliana por las tardes y jugar un rato en la casa de Santiago  que tiene consola nueva. El fin de semana rumba. Pedir el carro prestado y no tomar para evitarse problemas.  Mantenerse alejado de las drogas y  ser siempre perfecto para que todos lo señalen con alegría, al  acudir a su existencia como ejemplo  de cordura. Pero ahí,  en el espejo, donde aparece el verdadero rostro, la voz de un Lorenzo distinto empezaba a gritar, a llamarlo al mundo de lo eterno cuando en el brillo de sus ojos preguntaba por ese mas allá,  que anhelaba sentir en su carne.

 Despertar en la soledad de su cuarto no era tan terrible, pues era apenas normal que un muchacho de su edad durmiera solo, pero el temor a la oscuridad  era inevitable. Además cuando el silencio lo enfrentaba con su peor compañía que eran  sus pensamientos. Preguntarse por un destino que dirige un mago que vive detrás de las estrellas. Encender la luz y ver en el techo dibujarse figuras invisibles que pinta con el dedo desde su cama, mientras en su cabeza suena  una voz que lo llama a respirar hondo y viajar por el universo de la idea.


Otros viajaban montados en aviones de marihuana o éxtasis, pero Lorenzo  no tenia mas alternativa que encajar en el mundo para que su propia imaginación no se lo llevara lejos. Eran dos mundos, el de todos, el mundo de las cosas que todos entendemos, y el suyo. El mundo de lo invisible para los ojos del mortal que está reservado para  el místico, el profeta, el elegido.

 

Una buena mañana se sacudió el silencio y se fue al borde de la cama , abrió las alas y se lanzó al mundo de lo increible.

Lleva dormido año y medio  en una cama de hospital. Su madre apreta su mano cada día.Liliana ya no viene a visitarlo y Santiago juega solo, ya sin ganas. El mundo siguió girando, pero la vida se detuvo.  Aunque  respira todavía y todos esperamos que vuelva.

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