EVOCACIÓN
29 jun. 2012
Encontró un pedazo de papel escrito en otra lengua debajo de la mesa del café, donde cada tarde pasaba un par de horas persiguiendo recuerdos. Se retó a leerlo intentando comprender, haciendo asociaciones entre las lenguas que conocía a medias. Una penosa curiosidad se apoderó de ella y se acercó al mostrador con la intención de preguntarle al encargado si un extranjero se había sentado ahí, y de ser así, indagar sobre su nacionalidad y la frecuencia con la que visita el local, para esperarlo y devolverle ese pedazo de su historia. Pero al tener la atención del encargado prefirió pedir otro café y regresar a su mesa. Después de todo a ella también le ha pasado y a veces cuando esos pedazos de uno se van, es mejor que olviden el camino de vuelta y que nadie nos los quiera recordar.