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Encontró un pedazo de papel escrito en otra lengua debajo de la mesa del café, donde cada tarde pasaba un par de horas persiguiendo recuerdos. Se retó a leerlo intentando comprender, haciendo asociaciones entre las lenguas que conocía a medias. Una penosa curiosidad se apoderó de ella y se acercó al mostrador con la intención de preguntarle al encargado si un extranjero se había sentado ahí, y de ser así, indagar sobre su nacionalidad y la frecuencia con la que visita el local, para esperarlo y devolverle ese pedazo de su historia. Pero al tener la atención del encargado prefirió pedir otro café y regresar a su mesa. Después de todo a ella también le ha pasado y a veces cuando esos pedazos de uno se van, es mejor que olviden el camino de vuelta y que nadie nos los quiera recordar.

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